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Sortino Ratio / Downside Deviation

ES: Sortino Ratio PT: Índice de Sortino

El Sharpe corregido: penaliza únicamente la volatilidad a la baja, no la que juega a favor. Frank Sortino lo diseñó para evaluar estrategias con rendimientos asimétricos —seguimiento de tendencia, opciones compradas, perfiles de asimetría positiva— que el Sharpe castiga injustamente.

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Qué es el ratio de Sortino

El ratio de Sortino es un refinamiento del Sharpe que penaliza solo la volatilidad a la baja. Lo desarrolló Frank Sortino en 1981 precisamente para resolver la limitación más criticada del Sharpe: tratar por igual las oscilaciones favorables y las desfavorables.

Su fórmula es Sortino = (Rp − MAR) / DD, donde Rp es el rendimiento de la cartera, MAR el rendimiento mínimo aceptable —habitualmente la tasa libre de riesgo, aunque puede ser un objetivo propio— y DD la desviación a la baja, es decir, la desviación típica calculada únicamente sobre los rendimientos inferiores al MAR.

La razón de su superioridad es sencilla: el inversor celebra la volatilidad al alza y teme la volatilidad a la baja. El Sharpe penaliza ambas por igual y castiga a una cartera por tener ganancias ocasionales del 50% como si fueran un defecto.

Con un ejemplo concreto: la estrategia A rinde un 15% anual con un 20% de volatilidad al alza y un 10% a la baja, lo que da una desviación total del 22%. La estrategia B rinde el mismo 15% con un 10% en ambos sentidos, un 14% total. Con una tasa libre de riesgo del 2%, el Sharpe de A es 0,59 y el de B, 0,93: el Sharpe prefiere B. En cambio el Sortino de ambas es 1,30, porque su riesgo a la baja es idéntico, y A ofrece además todo el potencial adicional. Cualquier inversor racional prefiere A, y el Sortino lo refleja correctamente.

En cuanto a su interpretación, por encima de 1 se considera aceptable, por encima de 2 bueno y de nivel profesional, por encima de 3 excelente y por encima de 5 excepcional y muy raro. El Sortino suele ser mayor que el Sharpe, porque la desviación a la baja es menor que la total; eso no significa mejor rendimiento, sino una forma distinta de medir el riesgo.

La divergencia entre ambos es en sí misma informativa: un Sortino alto con Sharpe bajo delata asimetría positiva, lo cual es buena señal; lo contrario delata asimetría negativa y riesgo de cola oculto; y valores parecidos indican rendimientos aproximadamente simétricos.

Sortino: el Sharpe corregido, penaliza solo la caída Sortino = (rendimiento − rendimiento mínimo aceptable) / desviación a la baja Umbral (tasa sin riesgo) A LA BAJA (penalizada) El Sortino mira aquí AL ALZA (NO penalizada) El Sharpe sí la penaliza La divergencia entre ambos revela la asimetría: Tendencia: 0,6 / 1,3 ✓ VIX comprado: 0,1 / 2,5+ ✓ Venta de volatilidad: 1,2 / 1,4 (riesgo de cola) Madoff: 2,5 / 6+ (fraude) Frank Sortino, 1981 · Por encima de 2 es nivel profesional · Ideal para tendencia, impulso y opciones compradas

La desviación a la baja

La desviación a la baja es el corazón del ratio. Su cálculo tiene cinco pasos: se obtiene el rendimiento de cada periodo; si supera el MAR, su exceso se fija en cero; si queda por debajo, el exceso es la diferencia; se elevan al cuadrado todos los excesos, se suman y se dividen entre el número total de periodos; y se toma la raíz cuadrada, anualizando si hace falta. El resultado mide la volatilidad exclusivamente por debajo del umbral aceptable.

La elección del MAR es crítica y admite cuatro criterios. Usar la tasa libre de riesgo es lo más común y mide la caída frente a la alternativa segura. Usar cero mide el riesgo de perder capital y se aplica a estrategias de retorno absoluto. Usar un rendimiento objetivo, por ejemplo el 8%, mide el fracaso en alcanzar la meta. Y usar un índice de referencia mide el riesgo de quedarse por detrás del mercado. Cada elección da un Sortino distinto, así que la comparación entre estrategias exige usar el mismo MAR.

Con un ejemplo numérico: una cartera con rendimientos mensuales de +5%, +3%, −2%, +7%, +1%, −4%, +6%, +2%, −1%, +8%, +3% y +5%, frente a un MAR mensual del 0,2%. Los tres meses por debajo del umbral dan excesos de −2,2%, −4,2% y −1,2%. La suma de sus cuadrados es 23,92, dividida entre los doce periodos da 1,99, y su raíz cuadrada 1,41% mensual. Anualizado, 1,41% × √12 = 4,89% de desviación a la baja, frente a una desviación total que sería entre dos y tres veces mayor si los rendimientos fueran simétricos.

La medida tiene tres problemas: necesita muchas observaciones para ser estable, con al menos tres años de datos mensuales; es ruidosa por construcción, porque solo usa los rendimientos malos y por tanto trabaja con menos datos; y depende del umbral elegido, que altera el resultado de forma significativa.

Sortino en estrategias asimétricas

El ratio resulta especialmente valioso cuando la distribución de rendimientos es asimétrica y el Sharpe engaña.

Entre las estrategias de asimetría positiva, donde el Sortino es la métrica correcta, están cinco. El seguimiento de tendencia y los futuros gestionados, con ganancias grandes ocasionales y muchas pérdidas pequeñas, suelen mostrar un Sharpe de 0,5 a 0,8 penalizado por su volatilidad favorable, frente a un Sortino de 0,8 a 1,5 que refleja mucho mejor su perfil real. Las opciones compradas, con algunos aciertos grandes y muchas primas perdidas, tienen un Sharpe bajo y un Sortino bastante más alto porque la pérdida está limitada a la prima. El capital riesgo, con algunos éxitos multiplicadores y muchos ceros, presenta un Sharpe directamente engañoso. Las estrategias de impulso, que dejan correr las ganancias y cortan rápido las pérdidas, son asimétricas por diseño. Y el arbitraje de fusiones combina ganancias pequeñas y constantes con pérdidas ocasionales cuando una operación se rompe.

Entre las de asimetría negativa, donde el Sharpe sobrevalora, hay otras cinco. La venta de volatilidad cobra primas de forma regular hasta que llega el pico y produce una pérdida enorme: su Sharpe resulta engañosamente alto en tiempos normales. El arbitraje de convertibles extrae diferenciales pequeños mediante coberturas complejas, con un historial de Sharpe elevado y estallidos periódicos. Las titulizaciones hipotecarias mostraban Sharpes altísimos antes de 2008. Las operaciones de carry cobran diferenciales de tipos hasta que llega una crisis cambiaria. Y las estrategias de valor relativo al estilo de LTCM superaban un Sharpe de 2 hasta que la crisis de 1998 destruyó el fondo.

La implicación práctica es doble: para evaluar seguimiento de tendencia, impulso u opciones compradas, el Sortino es la métrica principal; y ante venta de volatilidad, carry o valor relativo conviene desconfiar tanto del Sharpe como del Sortino elevados e investigar directamente el riesgo de cola.

Combinar Sharpe y Sortino

El uso óptimo consiste en reportar ambas métricas y analizar su divergencia. Algunos profesionales calculan directamente el cociente entre Sharpe y Sortino como indicador de asimetría: un valor cercano a 1 indica rendimientos aproximadamente simétricos, y por debajo de 0,7 revela una asimetría positiva marcada en la que las ganancias dominan la volatilidad.

Los ejemplos ilustran bien la lectura. Una cartera 60/40 típica muestra un Sharpe de 0,6 y un Sortino de 0,8, un cociente de 0,75 que indica ligera asimetría positiva. Una posición indexada a renta variable presenta 0,5 y 0,7, un comportamiento normal. Un fondo de seguimiento de tendencia con 0,6 de Sharpe y 1,3 de Sortino arroja un cociente de 0,46: asimetría positiva fuerte y un perfil muy valioso dentro de una cartera. Una estrategia de venta de volatilidad con 1,5 y 1,7 apenas muestra asimetría en las métricas, pero esconde un riesgo de cola que ninguna de las dos captura, de modo que hace falta mirar la caída máxima y el peor mes. Y el caso de Madoff, con un Sharpe declarado de 2,5 y un Sortino superior a 6, era una señal de alarma en sí misma: las estrategias reales no alcanzan esa asimetría de forma sostenida.

El estándar profesional es reportar un conjunto: Sharpe para el riesgo total, Sortino para el riesgo a la baja, Calmar para la caída máxima, además de la propia caída máxima, el peor mes y la tasa de acierto. Ninguna métrica aislada cuenta la historia completa.

A la hora de comparar, hay que hacerlo dentro del mismo tipo de estrategia: entre dos fondos de tendencia la comparación es válida, pero comparar uno de tendencia con uno neutral al mercado no lo es.

Y conviene recordar sus límites: sigue presuponiendo que el pasado predice el futuro, tampoco captura las colas gruesas, y también se puede manipular, ya que evitar por completo las pérdidas produce un Sortino infinito. Por eso debe combinarse siempre con el análisis de caídas, métricas de cola y pruebas de resistencia.

Aplicación práctica a la cartera

El ratio se traduce en seis decisiones concretas.

La primera es incorporar estrategias asimétricas: seguimiento de tendencia, futuros gestionados o posiciones largas en volatilidad tienen un Sharpe individual mediocre pero un Sortino alto y una correlación baja, de modo que mejoran ambas métricas a nivel de cartera. Una asignación razonable ronda el 10-15%.

La segunda es la selección de gestores: al evaluar fondos conviene pedir el Sortino junto al Sharpe, porque las estrategias de asimetría positiva quedan infravaloradas y las de asimetría negativa sobrevaloradas si solo se mira el segundo.

La tercera es aplicar la lógica a la paridad de riesgo, ponderando por volatilidad a la baja en lugar de por volatilidad total, lo que da más peso a los activos de asimetría positiva. La cuarta es la planificación de la jubilación, donde el riesgo relevante es el de secuencia de rendimientos y por tanto el descendente: hay que huir de estrategias con Sharpe alto y Sortino bajo, porque su riesgo de cola oculto es devastador en esa fase.

La quinta es la evaluación comparativa: un gestor con 0,5 de Sharpe y 1,5 de Sortino ha protegido mejor a la baja que otro con 1 y 1,2, aunque el primero parezca peor a simple vista. Y la sexta es el seguimiento: calcular el Sortino de forma móvil cada trimestre, porque un Sortino que cae con un Sharpe estable es una alerta temprana de que el riesgo a la baja está aumentando.

Los errores frecuentes son cuatro: comparar Sortinos entre estrategias de naturaleza distinta, ignorar la sensibilidad al MAR elegido, calcularlo sobre periodos demasiado cortos —hacen falta cinco años o más— y confiar en él en exclusiva, cuando sigue sin capturar el riesgo de cola ni el fraude.

Para el inversor particular, unos objetivos alcanzables con una cartera diversificada y disciplina de rebalanceo son un Sharpe de 0,7 a 1 junto a un Sortino de 1 a 1,5. Si el Sortino supera claramente al Sharpe, la cartera tiene una buena exposición asimétrica y conviene mantener ese perfil.

Sharpe frente a Sortino: qué revela la diferencia

La divergencia entre ambos delata la asimetría de los rendimientos.

Tipo de estrategiaSharpeSortinoLectura
0,500,70Asimetría positiva leve, la prima de riesgo de la renta variable
0,601,30Asimetría positiva fuerte: buen diversificador
1,201,40Riesgo de cola oculto: se desploma en los picos de volatilidad
0,102,50+Cobertura asimétrica: protección frente a las colas
0,600,85Equilibrada, con ligera asimetría positiva
2,506,0+Señal de alarma: una asimetría demasiado buena para ser cierta

Frequently Asked Questions

¿Cuándo usar Sortino y cuándo Sharpe?
Siempre los dos. El Sharpe es adecuado para comparaciones rápidas contra un índice, para estrategias de rendimientos simétricos como una cartera indexada o una 60/40, para el reporte institucional estándar y para la investigación académica. El Sortino lo es para estrategias asimétricas como el seguimiento de tendencia, el impulso o las opciones compradas, para el análisis centrado en el riesgo a la baja —planificación de jubilación o gestión de dotaciones—, para detectar asimetría positiva o negativa y para seleccionar gestores de fondos de cobertura.

La divergencia entre ambos es en sí misma información: una diferencia grande indica rendimientos asimétricos y una pequeña, simetría.

Como regla práctica, al inversor particular que compara carteras amplias le basta con el Sharpe; a quien asigna capital a fondos de cobertura, gestores de tendencia o alternativos, el Sortino le resulta imprescindible. Ambos son gratuitos de calcular, así que lo sensato es reportar los dos siempre.
¿Por qué importa tanto el rendimiento mínimo aceptable?
Porque determina qué se considera «riesgo a la baja». Con un MAR de cero, cualquier pérdida cuenta como caída y se mide el riesgo de perder capital; es lo habitual en estrategias de retorno absoluto. Con la tasa libre de riesgo, la caída se define como quedar por debajo de la alternativa segura, y es el estándar más común. Con un rendimiento objetivo, se mide el riesgo de no alcanzar la meta, algo típico de mandatos institucionales. Y con un índice de referencia, se mide el riesgo de quedar por detrás del mercado.

El efecto es enorme: una estrategia evaluada con un MAR del 10% tendrá muchos más periodos «a la baja» que la misma estrategia evaluada con un MAR del 2%, y su Sortino será mucho peor sin que nada haya cambiado.

De ahí que la consistencia sea obligatoria: al comparar estrategias hay que usar el mismo MAR, y al evaluar una sola conviene elegir el que se alinee con el objetivo real. Para una cartera de jubilación a largo plazo tiene sentido usar la inflación o el rendimiento objetivo; para comparar fondos de cobertura, la tasa libre de riesgo más el alfa esperado.
¿El Sortino se puede manipular igual que el Sharpe?
Sí, exactamente igual. Un gestor que fabrique rendimientos suavizados sin pérdidas obtiene un Sortino infinito: los rendimientos falsos de Madoff arrojaban un Sortino superior a 6.

Las técnicas de manipulación son cinco: la valoración de activos ilíquidos con precios obsoletos que suavizan los rendimientos; el aplazamiento contable del reconocimiento de pérdidas; la venta de riesgo de cola, que cobra primas y esconde la volatilidad hasta el desastre; el sesgo de supervivencia de las bases de datos, que excluyen los fondos que han quebrado; y el sesgo de relleno, por el que los fondos nuevos solo entran en las bases si sus primeros años fueron buenos.

Las señales de alarma ante un Sortino anormalmente alto son cinco: más del 90% de meses positivos, una estrategia basada en activos ilíquidos, la ausencia de depositario independiente, un historial demasiado corto y un apalancamiento elevado no declarado.

La defensa es la diligencia debida: verificación por terceros, comprensión real de la mecánica de la estrategia y comparación con referencias del sector. Si el Sortino parece demasiado bueno, probablemente lo sea.
¿Qué Sortino debería fijarme como objetivo?
Depende de la estrategia. Un índice de renta variable ronda un Sortino de 0,7 a 0,9. Una cartera 60/40 se sitúa entre 0,9 y 1,2. Una cartera multiactivo bien diversificada, entre 1,2 y 1,5. Una de paridad de riesgo, entre 1,3 y 1,8. Los futuros gestionados y el seguimiento de tendencia, entre 1,3 y 2. Un fondo de cobertura sofisticado, entre 1,5 y 2,5. Y las casas cuantitativas de élite superan el 2,5.

El objetivo realista para un inversor particular es un Sortino de 1 a 1,3, alcanzable con buena diversificación, disciplina de rebalanceo y algo de exposición a alternativos. Superarlo de forma consistente exige gestión activa sofisticada, estrategias especializadas o acceso a alternativos que la mayoría no tiene.

No conviene perseguir cifras por encima de 2, porque normalmente implican riesgos inadecuados para un particular. Es preferible un Sortino estable entre 1 y 1,5 con baja correlación con los mercados tradicionales, que es lo que aporta diversificación real.
¿Cómo mejoro el Sortino de mi cartera?
Actuando específicamente sobre el riesgo a la baja, con siete medidas.

La primera es añadir activos de asimetría positiva como el seguimiento de tendencia, los futuros gestionados o las posiciones largas en volatilidad: tienen un Sharpe individual bajo pero mejoran claramente la asimetría del conjunto. La segunda es la cobertura de riesgo de cola con puts o calls sobre el VIX, que a cambio de una prima pequeña limitan las pérdidas extremas y disparan el Sortino durante los desplomes.

La tercera son las asignaciones defensivas a deuda pública, oro o consumo básico, que se comportan bien en los momentos de tensión y suavizan la caída. La cuarta es la asignación dinámica, reduciendo renta variable cuando los indicadores de final de ciclo se activan.

La quinta, y quizá la más contraintuitiva, es evitar las estrategias de asimetría negativa: la venta de volatilidad, las calls cubiertas sobre valores muy volátiles o las operaciones de carry perjudican el Sortino aunque presenten un Sharpe alto. La sexta es la disciplina de stops, que al cortar rápido las pérdidas reduce directamente la desviación a la baja. Y la séptima es rebalancear después de las caídas: añadir a las posiciones que acaban de caer, siempre que la tesis siga intacta, captura la recuperación y mejora la métrica.

A nivel avanzado, existen herramientas de construcción de carteras que optimizan directamente el Sortino en lugar del Sharpe, y producen asignaciones distintas.