Non-Farm Payrolls / Unemployment Rate / Jobs Report
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El informe de empleo del primer viernes de cada mes: el dato macroeconómico más volátil y el que más mueve los mercados. Empleo no agrícola, tasa de paro y crecimiento salarial forman su trinidad, y operarlo exige preparación específica.
¿Qué es el informe de empleo?
El informe de situación del empleo es la publicación mensual más importante sobre el mercado laboral estadounidense, elaborada por la oficina de estadísticas laborales. Se publica el primer viernes de cada mes a las ocho y media hora de Nueva York, y cubre el mes anterior con datos recogidos a mediados de ese mes.
Tiene tres cifras titulares.
El empleo no agrícola mide la variación neta de puestos de trabajo durante el mes. Excluye la agricultura por su fuerte estacionalidad, los autónomos, el empleo doméstico y las fuerzas armadas, y sigue a unos 160 millones de trabajadores. En condiciones normales el consenso se mueve entre 100.000 y 300.000 puestos mensuales; durante la recuperación de 2021 y 2022 superar el medio millón era rutinario, y desde 2024 el rango se ha moderado entre 150.000 y 250.000.
La tasa de paro es el porcentaje de la población activa que busca trabajo sin encontrarlo, y procede de una encuesta a hogares distinta de la anterior. Su rango normal va del 3,5% al 5%, y el 4% se considera pleno empleo. Por debajo, el mercado laboral está tensionado y genera inflación; por encima, hay holgura y presión desinflacionaria.
El salario medio por hora mide el crecimiento salarial mensual e interanual. Es crítico para el banco central: un crecimiento por encima del 3,5% es incompatible con un objetivo de inflación del 2%, y es un componente rígido de la inflación.
Conviene saber que hay dos encuestas distintas: la de establecimientos, de la que sale el empleo, y la de hogares, de la que sale el paro. Pueden divergir bastante; la primera es más fiable para los cambios de nivel y la segunda para los desgloses demográficos.
Las revisiones son importantes: la primera lectura del empleo se corrige con frecuencia entre 50.000 y 100.000 puestos, y a veces más de 200.000. Las revisiones se publican dos meses después, y cada febrero hay una recalibración anual completa.
Hay además dos matices útiles. La tasa ampliada de subempleo incluye a quienes trabajan a tiempo parcial por motivos económicos y a los desanimados, y suele situarse uno o dos puntos por encima de la tasa oficial, ofreciendo una mejor medida de la holgura. Y la tasa de participación —el porcentaje de la población que trabaja o busca trabajo— lleva décadas descendiendo por razones demográficas, y su caída puede reducir la tasa de paro sin que se haya creado un solo empleo.
Por qué mueve tanto los mercados
Esta publicación es, junto con la de precios, el evento más volátil del mes. Los movimientos del 0,5% al 2% en el índice principal son rutinarios y la volatilidad implícita se dispara antes.
Su impacto tiene cinco causas. La función de reacción del banco central: el empleo es la mitad de su mandato dual, así que un dato fuerte implica una política más restrictiva y uno débil lo contrario. La señal de recesión: el paro es el indicador coincidente por excelencia de la actividad económica. Las implicaciones inflacionarias: un mercado laboral tensionado presiona los salarios y con ellos los precios. Las implicaciones para el consumo: el empleo determina el gasto de los hogares, que supone en torno al 70% de la economía. Y su carácter multidimensional: empleo, paro y salarios llegan a la vez, lo que hace la lectura más compleja que la de un dato único.
La dinámica operativa es reconocible. Un dato de empleo por encima del consenso provoca una reacción inicial bajista por su lectura restrictiva, aunque matizada, porque también señala una economía robusta; el movimiento inicial se revierte con frecuencia en los primeros treinta a sesenta minutos. Un dato por debajo genera una reacción inicial alcista, salvo que sea tan débil que despierte temores de recesión. Y un dato en línea produce poca reacción.
Con frecuencia, la sorpresa salarial mueve más que la del empleo: salarios calientes son bajistas y salarios fríos, alcistas.
Hay tres combinaciones típicas. El escenario ideal combina un empleo de 150.000 a 250.000 puestos, un paro estable y salarios moderándose: crecimiento sin inflación, perfecto para la bolsa. El escenario de estanflación combina empleo débil con salarios calientes, el peor de los casos porque deja al banco central atrapado entre sus dos mandatos. Y la confirmación de aterrizaje suave combina una desaceleración gradual del empleo con paro estable y salarios en moderación.
El guion del día empieza antes de la apertura, con los futuros ya posicionados. Entre las 8:30 y las 8:35 llega la volatilidad máxima, con movimientos de 20 a 40 puntos básicos en el bono a diez años. Hasta las 9:30 la reacción inicial se revierte con frecuencia conforme se digieren los matices. Con la apertura del mercado al contado llega el flujo minorista y la volatilidad continúa. Y a las diez suele publicarse el índice de servicios, que genera un segundo pico.
Posicionarse antes es difícil: las previsiones de consenso fallan a menudo. Lo prudente es reducir tamaño y evitar sesgos direccionales fuertes.
El paro, la regla de Sahm y otros indicadores
La tasa de paro es uno de los indicadores más fiables para anticipar recesiones.
La regla de Sahm, formulada por la economista Claudia Sahm en 2019, establece que una recesión ha comenzado cuando la media móvil de tres meses de la tasa de paro sube medio punto porcentual o más por encima de su mínimo de los doce meses previos. Si el mínimo fue del 3,4% y la media trimestral alcanza el 3,9%, la regla se activa.
Su precisión histórica es notable: acertó en las once recesiones desde 1948, sin un solo falso positivo.
Se activó en julio de 2024, cuando el paro subió del 3,4% al 3,9% en media trimestral. La reacción del mercado llegó el 5 de agosto de aquel año, con el deshacer de la operativa de diferencial en yenes: el índice de volatilidad pasó de 20 a 65 intradía y el índice principal cayó un 6%. La propia Sahm declaró públicamente que su regla podía estar dando una señal falsa esta vez, por dinámicas laborales inusuales relacionadas con la inmigración y la oferta de trabajo. El paro se estabilizó después entre el 4,0% y el 4,2% sin que llegara la recesión, y el debate sigue abierto.
Hay otros indicadores de empleo relevantes para anticipar recesiones. Las peticiones iniciales de subsidio, de publicación semanal, son la señal de tensión en tiempo real: entre 220.000 y 240.000 es normal, por encima de 300.000 es una advertencia y por encima de 400.000 indica recesión en curso. Las peticiones continuadas cambian más despacio y reflejan la dificultad de encontrar nuevo empleo. La tasa de abandono voluntario mide la confianza de los trabajadores: alta significa que se marchan a mejores puestos, y baja significa miedo. La relación entre vacantes y desempleados se situaba en torno a uno a uno antes de la pandemia, llegó a dos a uno en el pico de tensión y se ha ido normalizando. Y la tasa de participación refleja tendencias demográficas de largo plazo.
La curva de Phillips describe la relación inversa entre paro e inflación: menos paro implica más inflación y viceversa. En la década de 2020 parece haberse vuelto más pronunciada, de modo que cambios pequeños en el paro producen cambios mayores en la inflación, lo que hace la política monetaria más sensible a estos datos.
La tasa natural de desempleo es aquella compatible con una inflación estable, estimada históricamente entre el 4% y el 5%, y en torno al 4,5% según las estimaciones recientes. Por debajo hay presión inflacionaria y por encima, desinflacionaria.
Desglose por sectores
El informe incluye un desglose detallado por industria que resulta útil para la rotación sectorial.
Entre los sectores creadores de empleo destacan cinco. La sanidad ha sido de forma consistente el primero o el segundo, impulsada por el envejecimiento de la población, con entre 50.000 y 80.000 puestos mensuales y una notable resistencia a las recesiones. El ocio y la hostelería protagonizaron una recuperación masiva tras la pandemia, ya agotada. Las administraciones públicas, sobre todo autonómicas y locales, han sido especialmente activas. La construcción es cíclica y muy sensible a los tipos, con una clara desaceleración durante el endurecimiento monetario. Y los servicios profesionales y empresariales —consultoría, servicios jurídicos, contabilidad— funcionan como indicador adelantado del empleo general.
Entre los sectores que destruyen empleo, la tecnología protagonizó despidos masivos entre 2022 y 2023 y desde entonces se reconfigura en torno a la inteligencia artificial. Los servicios financieros son cíclicos y sensibles a la actividad corporativa. La industria manufacturera lleva décadas en declive estructural, con un repunte modesto reciente por la relocalización. Y el transporte y almacenamiento corrige el exceso de contratación del auge pandémico.
Las implicaciones operativas son directas: si crece el empleo sanitario, conviene exposición al sector salud; si la construcción flaquea, es una señal de alerta para los valores ligados a la vivienda; si vuelve el empleo tecnológico, favorece al índice de crecimiento; y la fortaleza manufacturera favorece al sector industrial.
Hay además indicadores complementarios. El informe privado de nóminas se publica dos días antes, el miércoles, y estima el empleo del sector privado a partir de datos reales de nóminas de unos 25 millones de trabajadores; su correlación con el dato oficial es decente pero imperfecta, con diferencias mensuales que van de 50.000 a 150.000 puestos, así que sirve de orientación direccional y no de base para operar. Las encuestas manufactureras regionales de varios bancos de la Reserva Federal incluyen componentes de empleo y funcionan como indicadores adelantados a mitad de mes. El informe mensual de despidos anunciados, publicado el primer jueves, anticipó con claridad las recesiones de 2001 y 2008. Y la encuesta de vacantes y rotación laboral, publicada con un mes de retraso, detalla vacantes, contrataciones, abandonos y despidos.
Cómo operar la publicación
La preparación previa tiene cinco pasos: entender el consenso y su dispersión, no solo la mediana; comprobar que el dato del mes anterior probablemente se revise, porque el mercado reacciona a la revisión y al nuevo dato conjuntamente; vigilar el informe privado de nóminas dos días antes; observar el posicionamiento en los futuros antes de la apertura; y mirar el precio del straddle, que revela el movimiento esperado, típicamente del 0,8% al 1,2%.
Hay cinco estrategias habituales. El straddle comprado uno o dos días antes, cerrándolo tras la publicación, es rentable si el movimiento real supera su coste; su riesgo es la compresión de volatilidad ante una reacción apagada. El cóndor de hierro vendido con las alas fuera del movimiento esperado es rentable si el dato sale en línea, con el riesgo de que una sorpresa grande atraviese las alas. La apuesta direccional con puts o calls, si hay convicción basada en el informe privado y las peticiones de subsidio, ofrece alto riesgo y alta recompensa. Las posiciones en volatilidad, comprando calls sobre el índice de volatilidad antes o vendiéndolas después para capturar la compresión. Y la rotación sectorial: ante un escenario restrictivo, largos en energía y financieros y cortos en tecnología, y lo contrario ante uno acomodaticio.
En cuanto al momento, entre las 8:30 y las 8:35 conviene no operar: la liquidez es escasa, las horquillas se abren y la dirección es caótica. Entre las 8:35 y las 9:00 suele quedar establecido el sesgo direccional. Hasta la apertura las reacciones se estabilizan, y con ella los flujos minoristas amplifican el movimiento, que suele confirmarse o revertirse con claridad antes de las diez. A esa hora suele llegar el índice de servicios, con un segundo pico de volatilidad.
Los errores comunes son cinco: operar en los primeros sesenta segundos, cuando los vaivenes barren los stops; sobreapalancarse, porque los movimientos pueden multiplicar por tres o cinco los rangos habituales; ignorar los salarios y quedarse solo con el titular, cuando aquellos suelen dominar la reacción; no considerar las revisiones, que a menudo pesan más que el dato del mes; y operar por titulares, cuando los matices sectoriales y salariales importan mucho más.
En gestión del riesgo, lo prudente es reducir tamaño el día anterior, considerar quedarse plano durante la noche, usar estrategias de riesgo definido —opciones compradas o spreads, nunca ventas desnudas— y aceptar que a veces un stop salta antes de la publicación en un rebote que después se revierte. Es normal, y hay que contar con ello.
Indicadores de empleo: jerarquía
Varios indicadores complementan al dato principal; conviene seguirlos todos.
| Indicador | Frecuencia | Publicación | Tipo de señal |
|---|---|---|---|
| Mensual | Primer viernes, 8:30 hora de Nueva York | El que más mueve el mercado | |
| Mensual | Con el anterior | Predictor de recesión vía regla de Sahm | |
| Mensual | Miércoles previo | Anticipo del oficial, correlación moderada | |
| Semanal | Jueves, 8:30 | Señal de tensión en tiempo real | |
| Mensual, con un mes de retraso | Principio de mes | Detalle de vacantes, abandonos y contrataciones | |
| Mensual | Primer jueves | Indicador adelantado de destrucción de empleo |
Frequently Asked Questions
¿Por qué se activó la regla de Sahm sin que hubiera recesión?
Hay cuatro explicaciones para la divergencia. Un choque de oferta por inmigración: la población activa creció, y eso eleva el paro sin que haya despidos, una dinámica distinta a la de ciclos anteriores. Un carácter sectorial concentrado: los despidos tecnológicos de 2022 y 2023 no se extendieron al conjunto de la economía. La persistencia de la contratación: se siguen creando empleos, solo que menos que antes. Y las anomalías posteriores a la pandemia, que introdujeron mucho ruido en los datos.
La propia Claudia Sahm declaró que su regla podía estar dando una señal falsa en esta ocasión. La visión alternativa sostiene que la recesión solo se ha retrasado; la confirmación llegaría con un paro por encima del 4,5%.
¿Qué importa más: el empleo, el paro o los salarios?
En realidad los tres datos interactúan. El escenario ideal combina entre 150.000 y 200.000 puestos, paro estable y salarios entre el 3% y el 3,5%.
El enfoque correcto no es fijarse en un solo número sino analizar la combinación. Los titulares informan del empleo, pero con frecuencia son los salarios los que provocan la mayor reacción del mercado.
¿Qué es la curva de Phillips y sigue funcionando?
Ha sufrido tres desafíos. La estanflación de los años setenta, con paro e inflación altos simultáneamente, rompió el modelo clásico. La década de 2010 mostró un paro bajo sin inflación, lo que aplanó la curva. Y la de 2020 pareció recuperar la relación tradicional, con mercados laborales tensionados impulsando la inflación de 2021 y 2022.
Los modelos del banco central siguen utilizando este marco. Con el paro cerca de la tasa natural estimada, la situación se considera equilibrada.
La implicación de política es que hay que gestionar el intercambio: entre 2022 y 2023 se aceptó un mayor riesgo de desempleo para domar la inflación, y desde entonces se ha intentado mantener ambos objetivos mediante un aterrizaje suave.
¿Cómo posicionarse antes de la publicación?
Según la visión: si no hay dirección clara, un straddle comprado uno o dos días antes, cerrado tras la publicación. Si se espera empleo fuerte y salarios calientes, largos en dólar, puts sobre deuda pública larga y cortos en tecnología de larga duración. Si se espera lo contrario, calls sobre deuda pública, largos en crecimiento y cortos en dólar. Y si se espera un dato en línea, venta de volatilidad mediante un cóndor de hierro.
Nunca conviene operar en los primeros sesenta segundos: los vaivenes destrozan posiciones. Es mejor esperar entre cinco y diez minutos a que la dirección se estabilice.
¿Qué es el informe privado de nóminas y cómo se relaciona con el oficial?
Su correlación con el dato oficial es moderada, no perfecta: las diferencias mensuales van de 50.000 a 150.000 puestos, y en algunos meses coinciden casi exactamente mientras que en otros divergen mucho.
Las razones son metodológicas: uno usa datos de nóminas y el otro encuestas, los tamaños de muestra difieren y las metodologías evolucionan; en 2022 hubo una revisión metodológica importante que desalineó ambos datos durante varios meses.
Su utilidad es dar una orientación direccional: un dato muy débil anticipa probablemente un dato oficial débil. Pero no conviene operar con fuerza basándose solo en él. Su mejor uso es actualizar expectativas, no fundamentar una operación por sí solo.