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DXY / USD Index / Dollar Index

ES: Dollar Index (DXY) PT: Índice do Dólar

El termómetro del dólar frente a seis divisas principales. Mueve prácticamente todo: materias primas, mercados emergentes, beneficios de las multinacionales y criptoactivos, todos con correlación inversa. Su subida del 20% en 2022 provocó crisis en medio mundo.

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¿Qué es el índice del dólar?

El índice del dólar mide el valor de la divisa estadounidense frente a una cesta de seis divisas principales. Se creó en marzo de 1973, tras el colapso del sistema de Bretton Woods, con base 100 en esa fecha.

Las ponderaciones de la cesta son: euro, un 57,6%; yen japonés, un 13,6%; libra esterlina, un 11,9%; dólar canadiense, un 9,1%; corona sueca, un 4,2%; y franco suizo, un 3,6%.

El dominio del euro es notable: desde su introducción en 1999 sustituyó a varias divisas europeas de la cesta original, y con casi un 58% del peso, el índice está fuertemente condicionado por la dinámica del par euro-dólar. En la práctica, quien mira este índice está mirando en buena medida el euro invertido.

Su cálculo es una media geométrica ponderada de los tipos de cambio frente al dólar. La fórmula es compleja pero la intuición es simple: el índice sube cuando el dólar se fortalece frente a la cesta y baja cuando se debilita.

Su limitación principal es que la cesta está anclada en la estructura comercial de los años setenta y no refleja el peso actual de las economías asiáticas. No incluye ni al yuan chino, ni al won coreano, ni al peso mexicano, tres de los mayores socios comerciales de Estados Unidos. Existen índices ponderados por comercio más representativos, pero este sigue siendo el que cotiza y el que sigue el mercado.

El índice del dólar: cesta, historia y correlaciones Ponderaciones de la cesta (6 divisas): EUR 57.6% JPY 13.6% GBP 11.9% CAD 9.1% +7.8% 164 (máximo de 1985) 85 (mínimo de 1995) 120 (2001) 71 (mínimo de 2008) 114 (máximo de 2022) ~105 (2025) Correlación inversa con: Oro −0,70 Emergentes −0,70 Petróleo −0,60 Cripto −0,60 Multinacionales −0,35 La subida de 96 a 114 en 2022 desató crisis en emergentes: impagos soberanos, rescates internacionales e intervención sobre el yen

Qué mueve al dólar

El índice responde a varios factores fundamentales.

Los diferenciales de tipos de interés son el motor principal. Cuando el banco central estadounidense sube tipos más rápido que el europeo, el índice sube. El caso de 2022 y 2023 es el ejemplo canónico: 525 puntos básicos de subidas frente a un Banco Central Europeo que empezó tarde llevaron el índice de 96 a 114, un 19% de apreciación.

La aritmética de la operativa de diferencial lo explica: un dólar con un 5% de rendimiento frente a un yen con un 0% atrae capital de forma masiva. Cuando el banco central japonés empezó a subir tipos, esa operativa se deshizo y el par dólar-yen cayó con violencia.

Los diferenciales de crecimiento: una economía estadounidense más fuerte que la del resto fortalece la divisa. Entre 2022 y 2024, el crecimiento estadounidense superó con claridad al europeo, lo que sostuvo el índice.

Los flujos de refugio: durante las crisis globales, el capital busca dólares por la profundidad de su mercado de deuda, lo que fortalece la divisa incluso cuando la crisis se origina en Estados Unidos.

Las expectativas de inflación relativas: una inflación estadounidense que se modera más rápido que la del resto anticipa recortes de tipos y debilita el dólar.

Y las intervenciones oficiales, poco frecuentes pero muy potentes cuando ocurren de forma coordinada.

La regla práctica es que, en el corto plazo, el diferencial de tipos esperado explica la mayor parte del movimiento; en el largo plazo pesan más los desequilibrios de balanza por cuenta corriente y la evolución relativa de la productividad.

Su relación con las clases de activo

Mantiene correlaciones fuertes con varias clases de activo, algo crítico para cualquier operador.

Con las materias primas la relación inversa es la más sólida, porque cotizan en dólares a escala global: una divisa fuerte las encarece para el resto del mundo, reduce la demanda y presiona los precios a la baja. La correlación con el oro va de −0,60 a −0,80; con el petróleo, de −0,50 a −0,70; y con el cobre, en torno a −0,60, más fuerte durante los ciclos de crecimiento global.

Con los mercados emergentes la relación inversa es también muy fuerte, en torno a −0,70, por una razón estructural: muchos países y empresas emergentes se endeudan en dólares, así que un dólar fuerte encarece su deuda en moneda local y genera tensión financiera.

Con los criptoactivos, en torno a −0,60, porque se comportan como activos de riesgo de larga duración.

Con las multinacionales estadounidenses, entre −0,30 y −0,40: un dólar fuerte reduce el valor en divisa local de los ingresos obtenidos en el exterior, lo que actúa como viento en contra para sus beneficios.

Y con la pequeña capitalización estadounidense la correlación es prácticamente nula, porque su negocio es doméstico y no tiene exposición cambiaria significativa. Esa es precisamente la razón por la que las compañías pequeñas se comportan mejor que las grandes multinacionales durante los periodos de dólar fuerte.

Estas correlaciones no son estables: se intensifican durante los episodios de tensión y se relajan en los periodos tranquilos.

Historia y episodios clave

Su historia revela patrones útiles.

El máximo histórico llegó en febrero de 1985, con el índice en 164. En septiembre de aquel año, las grandes economías firmaron un acuerdo coordinado para debilitar deliberadamente el dólar mediante intervención concertada. El índice cayó hasta 85 en 1988, un 48% en tres años, y demostró el poder de la intervención coordinada de los bancos centrales.

En 1995 el índice tocó un mínimo de 78 y las grandes economías intervinieron en sentido contrario, para fortalecerlo. Subió hasta 120 en 2001 durante la era tecnológica.

Entre 2002 y 2008 se debilitó de 120 a 71, un 40%, por la combinación de política monetaria acomodaticia, déficits comerciales crecientes y un euro fortaleciéndose. Su mínimo de 70,7 en marzo de 2008 coincidió con el máximo del petróleo en 147 dólares, el auge de las materias primas y la burbuja inmobiliaria.

Durante la crisis financiera de 2008 se apreció con fuerza pese a que la crisis se originó en Estados Unidos, confirmando su papel de refugio paradójico.

Y en 2022 pasó de 96 a 114, un 19%, provocando crisis de balanza de pagos en varios países emergentes muy endeudados en dólares, con impagos soberanos y programas de rescate internacional.

La lección histórica es doble: el índice tiene ciclos largos, de siete a diez años en cada dirección; y sus movimientos extremos generan consecuencias sistémicas fuera de Estados Unidos mucho antes que dentro.

Cómo operarlo

Es un instrumento central de las estrategias macroeconómicas.

Para la exposición directa hay tres vías. Los futuros sobre el índice, que ofrecen la exposición más directa y apalancada pero exigen cuenta de futuros. Los fondos cotizados alcistas sobre el dólar, la opción más accesible para el inversor particular. Y los fondos cotizados inversos, para apostar por su debilidad. También existen opciones sobre estos fondos, con menos liquidez que los futuros pero mucho más accesibles.

Para la exposición cruzada, que suele ser más eficiente: con una visión alcista del dólar, cortos en renta variable emergente, en oro, en petróleo y en criptoactivos, con largos en compañías estadounidenses de foco doméstico. Con una visión bajista, exactamente lo contrario, incluyendo largos en mineras de oro y en mercados emergentes concretos.

Sobre pares de divisas concretos, el euro-dólar concentra casi el 58% del índice, así que operarlo equivale casi a operar el índice invertido; el dólar-yen es el más sensible a los diferenciales de tipos y el vehículo natural de la operativa de diferencial.

En opciones hay cuatro aplicaciones. Calls compradas sobre el fondo cotizado alcista cuando se anticipa un endurecimiento monetario relativo. Puts compradas sobre el mismo cuando se anticipan recortes. Coberturas cruzadas: puts sobre renta variable emergente como cobertura de una posición larga en dólares. Y coberturas de cartera: quien tenga exposición internacional significativa puede cubrir el riesgo de divisa con posiciones en el índice.

La advertencia principal es que se trata de un mercado dominado por instituciones, muy eficiente y con movimientos rápidos ante los datos macroeconómicos. Para un inversor particular tiene más sentido usarlo como señal de posicionamiento entre clases de activo que como instrumento de operativa directa.

Correlaciones del dólar con las clases de activo

La dirección del dólar tiene efectos en cadena sobre toda la cartera.

Clase de activoCorrelaciónCon dólar fuerteCon dólar débil
−0,70BajaSube, por cobertura de inflación y debilidad de la divisa
−0,60Baja, al cotizar en dólaresSube
−0,70Riesgo de crisis por la deuda en dólaresSube, con financiación más barata
−0,60BajistaAlcista
−0,30 a −0,40Viento en contra en beneficiosViento a favor
Prácticamente nulaNeutral, por su foco domésticoNeutral

Frequently Asked Questions

¿Por qué el euro pesa tanto en el índice?
Por razones históricas. La cesta original de 1973 incluía diez divisas, seis de ellas europeas: el marco alemán, el franco francés, la lira italiana, el florín neerlandés, el franco belga y la propia libra esterlina.

Cuando el euro se introdujo en 1999, sustituyó de golpe a cinco de aquellas divisas, y sus pesos se agregaron en una sola posición. De ahí ese 57,6% que hoy resulta desproporcionado.

La consecuencia práctica es que el índice es en buena medida un termómetro del euro invertido. Cuando el euro se debilita, el índice sube casi mecánicamente, con independencia de lo que hagan las demás divisas.

Su limitación es evidente: no incluye ni al yuan chino, ni al peso mexicano, ni al won coreano, pese a ser tres de los mayores socios comerciales de Estados Unidos. Existen índices ponderados por comercio más representativos de la realidad económica actual, pero este es el que cotiza y el que sigue el mercado.
¿Por qué el dólar sube durante las crisis?
Por su condición de divisa de reserva mundial, y ocurre incluso cuando la crisis se origina en Estados Unidos.

Hay tres mecanismos. La profundidad del mercado: solo el mercado de deuda pública estadounidense tiene tamaño suficiente para absorber los flujos masivos de huida hacia la calidad. La demanda de financiación: instituciones de todo el mundo tienen deudas denominadas en dólares, y una crisis desata una carrera por conseguirlos para repagar o para reponer garantías. Y la falta de alternativa: ninguna otra divisa reúne liquidez, convertibilidad y profundidad suficientes.

El ejemplo más claro es 2008: pese a que la crisis nació en el sistema hipotecario estadounidense, el índice se apreció con fuerza.

Esta paradoja solo se rompería si el dólar perdiera su condición de divisa de reserva, algo que no ha ocurrido pese al debate recurrente sobre la desdolarización.
¿Cómo afecta a los beneficios de las empresas?
De forma directa y significativa en las multinacionales. Alrededor del 40% de los ingresos de las grandes compañías estadounidenses procede del exterior, y esos ingresos se convierten a dólares para reportar.

Con un dólar fuerte, esos mismos ingresos en divisa local valen menos al convertirse, lo que resta crecimiento reportado aunque el negocio subyacente vaya bien. La correlación entre el índice y los beneficios de las multinacionales se sitúa entre −0,30 y −0,40.

Durante 2022, muchas grandes compañías reportaron crecimiento en divisa constante bastante superior al reportado en dólares, precisamente por este efecto.

La consecuencia práctica es la rotación entre tamaños: durante los periodos de dólar fuerte, la pequeña capitalización estadounidense —de negocio doméstico y sin exposición cambiaria— tiende a comportarse mejor que las grandes multinacionales; y con el dólar débil ocurre lo contrario.
¿Por qué un dólar fuerte provoca crisis en emergentes?
Por el endeudamiento en dólares. Muchos gobiernos y empresas de mercados emergentes se financian en esa divisa porque los tipos son más bajos y el mercado más profundo, pero sus ingresos son en moneda local.

Cuando el dólar se aprecia, esa deuda se encarece en términos reales: hacen falta más unidades de moneda local para pagar la misma cantidad de dólares. Es un endurecimiento monetario importado que llega sin que el banco central local haya movido un dedo.

A eso se suman dos efectos: la salida de capitales hacia el dólar, que presiona más a la divisa local; y el encarecimiento de las importaciones de energía y alimentos, que suelen cotizarse en dólares y que disparan la inflación interna.

La combinación desemboca en crisis de balanza de pagos. Durante 2022 varios países sufrieron impagos soberanos o tuvieron que recurrir a programas de rescate internacional precisamente por esta secuencia.
¿Cómo lo uso en la práctica si no opero divisas?
Como señal de posicionamiento entre clases de activo, que es su uso más valioso para un inversor particular.

Con el dólar fortaleciéndose: conviene reducir exposición a mercados emergentes, materias primas y oro, y favorecer la renta variable estadounidense de foco doméstico, especialmente la pequeña capitalización.

Con el dólar debilitándose: lo contrario, aumentando exposición a emergentes, materias primas, mineras de oro y multinacionales.

También sirve como termómetro de riesgo: una apreciación rápida y sostenida suele coincidir con episodios de aversión al riesgo y de tensión financiera global, así que funciona como advertencia temprana.

Y como filtro de coberturas: quien tenga una exposición internacional significativa en su cartera puede decidir si cubrir el riesgo de divisa en función de la tendencia del índice.

No hace falta operar divisas para aprovecharlo: basta con dejar que informe la asignación de activos.