OPCIONARIO Enciclopedia de Opciones
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Rounding Bottom y Rounding Top

Figuras de vuelta graduales formadas por transiciones suaves y redondeadas: platillo en los suelos y cúpula en los techos. Suelen anunciar cambios de régimen duraderos.

¿Qué son las figuras redondeadas?

Las figuras redondeadas —conocidas también como platillo en los suelos y cúpula en los techos— son formaciones de vuelta caracterizadas por una transición gradual y suave entre tendencias. En lugar del giro brusco de un suelo en V o de un hombro-cabeza-hombro, dibujan una curva orgánica que refleja un cambio de sentimiento lento y sostenido. El suelo redondeado aparece al final de una tendencia bajista: el precio deja de caer poco a poco, se estabiliza durante semanas o meses formando un valle curvo en lugar de una V, y empieza a subir de forma igualmente gradual. La transición es tan suave que a menudo no hay un único acontecimiento que marque el giro: es un proceso de acumulación paulatina por parte del dinero institucional. El techo redondeado es su imagen especular al final de una tendencia alcista: el precio deja de subir, forma un máximo curvo a lo largo de un periodo extenso y luego desciende sin sobresaltos, en un proceso de distribución gradual. Ambas exigen una paciencia poco común para identificarse a tiempo, porque un suelo redondeado en formación se parece mucho a una consolidación lateral, y la mayoría de operadores no lo reconoce hasta que la subida ya está en marcha.

suelo redondeado (Saucer) y techo redondeado (Dome) suelo redondeado (Saucer) accumulation gradual techo redondeado (Dome) distribution gradual Transiciones graduales (months en daily) · Sin turning points agudos Accumulation/distribution institucional silenciosa · Preceden durable tendencias

La psicología de la figura

La psicología subyacente es lo que da a estas figuras su forma característica. Durante la tendencia bajista previa, la presión vendedora se agota de forma progresiva, no en un episodio dramático de capitulación: las manos débiles van saliendo poco a poco. Compradores nuevos —normalmente institucionales, con paciencia y capital— empiezan a acumular despacio en niveles bajos, cuidando de no mover el precio en su contra. Esa acumulación repartida a lo largo de semanas o meses es exactamente lo que dibuja la forma de platillo. Cuando la oferta acumulada acaba absorbida, la demanda empieza a crecer más rápido que ella y arranca la subida, pero desde una base construida con cuidado. La tendencia resultante suele ser duradera precisamente porque no nació de compras de pánico ni de impulso, sino de acumulación real. En los techos redondeados ocurre lo contrario: el dinero informado distribuye poco a poco mientras el inversor minorista sigue comprando, hasta que la oferta termina desbordando a la demanda. Esta dinámica explica por qué estas figuras preceden a tendencias importantes y sostenidas, y no a giros rápidos que enseguida fracasan.

Criterios de identificación

Una figura redondeada válida exige criterios bastante estrictos. El primero es la duración: en gráfico diario suele tardar varios meses en formarse, y lo que se completa en pocas semanas rara vez es una figura redondeada real; en semanal hablamos de seis meses o más, y en mensual de años. El plazo largo es su rasgo definitorio. El segundo es la forma: debe ser genuinamente curva. Una prueba visual sencilla es trazar un arco de circunferencia sobre el gráfico: si encaja razonablemente, la figura es válida; los suelos o techos angulosos la descartan. El tercero es el perfil de volumen: descendente durante el tramo de bajada, mínimo en la base o en el techo, y creciente de forma gradual durante el tramo de subida. En un suelo redondeado el volumen aumenta conforme el precio se recupera, señal de demanda real; en un techo redondeado el volumen se va apagando mientras el precio todavía sube, señal de demanda que se agota. El cuarto es el contexto: para un suelo redondeado la tendencia bajista previa debe ser significativa, con caídas del 30% o más, y lo simétrico para el techo. Y el quinto es la ausencia de catalizador: estas figuras se caracterizan por formarse sin un acontecimiento concreto detrás, como un cambio lento de percepción y no como reacción a una noticia. Eso es justamente lo que las distingue de los giros en V, que suelen estar impulsados por noticias.

Confirmación y objetivo

Estas figuras son difíciles de confirmar porque carecen del momento de ruptura nítida que tienen otras. En un suelo redondeado hay tres señales de que se ha completado. La primera es la superación de la resistencia: la primera resistencia relevante tras la figura suele ser el máximo previo desde el que arrancó la caída, o alguna media móvil de referencia, y romperla con volumen elevado confirma la formación. La segunda es la aparición de un asa: muchos suelos redondeados acaban convirtiéndose en figuras de taza con asa, en las que un retroceso breve después de la primera ruptura forma el asa y la superación posterior confirma el conjunto. La tercera es la expansión del volumen, que crece de forma consistente durante el tramo ascendente y suele ser la señal más temprana. En los techos redondeados la confirmación es la pérdida del soporte previo o de las medias de referencia, acompañada también de expansión de volumen. En cuanto al objetivo, estas figuras no tienen fórmula matemática como el hombro-cabeza-hombro o los triángulos. El enfoque habitual es apuntar al máximo original en los suelos, o al mínimo original en los techos, es decir al punto desde el que arrancó el movimiento previo; muchas resoluciones acaban devolviendo el 100% del recorrido anterior. Los plazos de mantenimiento van de seis a dieciocho meses para figuras de gráfico diario.

Cómo operar la figura

Operar figuras redondeadas exige paciencia y disciplina fuera de lo común. Lo primero que hay que aceptar es que no se acierta el suelo ni el techo exacto: por su propia naturaleza no tienen un punto de giro nítido, y lo normal es entrar cuando la formación ya está a medio camino. De ahí que el enfoque adecuado sea la entrada escalonada: una posición inicial del 25-33% cuando la figura ya se distingue con claridad, ampliaciones sucesivas a medida que llega la confirmación, y la última al superarse el nivel de ruptura. Es el mismo comportamiento que la acumulación gradual que está dibujando la propia figura. Los stops deben ir amplios, claramente por debajo del punto más bajo de la formación en las posiciones largas o por encima del más alto en las cortas: los stops ajustados saltan con las oscilaciones normales del proceso. Hay que contar además con plazos largos, de tres a dieciocho meses hasta la resolución completa: esto es posición trading, no swing ni intradía. El reto psicológico es real, porque mantener la paciencia mientras el precio no se mueve lleva a muchos operadores a salir antes de tiempo. Y conviene combinarlas con otro tipo de análisis: estas figuras son bastante más fiables cuando las respalda un cambio fundamental —una reestructuración de la empresa, la recuperación de un sector— o un giro macro; las puramente técnicas tienen una tasa de acierto menor.

Cómo se traducen a opciones

El horizonte temporal largo de estas figuras condiciona por completo la estructura adecuada. Las LEAPS son el instrumento natural: calls largas a 12-24 meses para los suelos redondeados y puts largas para los techos. Las opciones de vencimiento corto deben evitarse, porque el decaimiento temporal se come la posición mucho antes de que la figura se resuelva. Para los suelos también funcionan los bull call spreads con la pata corta en el primer objetivo conservador —el máximo del rango original— y la larga bien dentro del dinero para capturar la mayor parte del movimiento direccional; los bear put spreads son el equivalente para los techos. Durante la fase lateral de la formación, las covered calls permiten generar ingresos mientras se espera, vendiendo strikes justo por encima de los máximos previos. En la misma fase, los cash-secured puts vendidos en los soportes clave de la figura tienen doble salida: si hay asignación, se adquiere el subyacente a buen precio y en plena fase de acumulación; si expiran, se conserva la prima. Lo que conviene evitar durante la formación son las estructuras vendedoras de volatilidad: la IV está deprimida por el propio movimiento lateral, así que cobrar prima ahí paga poco y además juega en contra del movimiento que se espera. Es preferible esperar la ruptura con posiciones de vega positiva.