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Derivados

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Contratos cuyo valor depende de otra cosa: las cuatro familias que existen, para qué se inventaron y por qué el apalancamiento los hace útiles y peligrosos a la vez.

Qué son y de dónde vienen

Un derivado es un contrato cuyo valor deriva del comportamiento de otra cosa: una acción, un índice, una materia prima, un tipo de interés, una divisa, incluso el clima. No tiene valor propio; lo toma prestado del subyacente. Nacieron para resolver un problema comercial muy concreto y muy antiguo: un agricultor quiere asegurar hoy el precio de la cosecha que venderá dentro de seis meses, y un molinero quiere asegurar hoy el precio que pagará. Un contrato que fije ese precio de antemano beneficia a ambos porque elimina incertidumbre. Los contratos a plazo sobre grano en la Bolsa de Chicago del siglo XIX son el antecedente directo del mercado moderno, y esa función de transferencia de riesgo sigue siendo la razón de ser de todo el edificio.

Las cuatro familias y su riesgo de contraparte Forward obligación a medida bilateral, fuera de mercado riesgo alto: sin garante Futuro obligación estandarizada mercado organizado cámara de compensación Opción derecho, no obligación perfil asimétrico bajo en mercado organizado Swap intercambio de flujos el mayor por volumen variable según compensación Dimensiona por el nocional que controlas, nunca por la garantía que te exigen Esa confusión es la causa técnica de la mayoría de las ruinas individuales en derivados

Las cuatro familias

Los forwards son acuerdos bilaterales, negociados a medida entre dos partes fuera de mercado organizado; flexibles pero con riesgo de contraparte, porque nadie garantiza que el otro cumpla. Los futuros son forwards estandarizados y cotizados en mercado, con una cámara de compensación que se interpone entre las partes y elimina prácticamente el riesgo de contraparte a cambio de exigir garantías y liquidar a mercado cada día. Las opciones se distinguen de ambos porque otorgan un derecho, no una obligación, lo que produce un perfil asimétrico: pérdida acotada para el comprador. Y los swaps intercambian flujos de pagos —tipo fijo por variable, una divisa por otra, el rendimiento de un activo por un tipo—, y son el instrumento dominante en volumen aunque el menos visible para el inversor particular.

Para qué se usan realmente

Tres funciones económicas, con participantes distintos en cada una. La cobertura es la original: una aerolínea que fija el precio del combustible, un exportador que asegura un tipo de cambio, un fondo que protege una cartera. La especulación aporta la contrapartida que hace posible la cobertura: sin alguien dispuesto a asumir el riesgo que el coberturista quiere soltar, no habría mercado; el especulador cobra por asumirlo. Y el arbitraje mantiene los precios coherentes entre instrumentos relacionados: cuando un futuro se desvía de lo que implica el contado más el coste de acarreo, o cuando una opción rompe la paridad put-call, alguien lo explota y la desviación desaparece. Las tres son necesarias; retirar cualquiera degradaría el funcionamiento de las otras dos.

El apalancamiento, que es la clave de todo

La característica que define el comportamiento de un derivado es que permite controlar una exposición grande con un desembolso pequeño. Un contrato de futuros sobre el E-mini S&P controla un nocional de varios cientos de miles de dólares con una garantía de unos pocos miles. Una opción sobre cien acciones cuesta una fracción del precio de esas acciones. Esa eficiencia de capital es exactamente lo que los hace útiles para cubrir —permite proteger mucho gastando poco— y exactamente lo que los hace peligrosos cuando se usan para especular sin dimensionar. La regla que resume décadas de accidentes es breve: dimensiona por el valor nocional que controlas, nunca por la garantía que el bróker inmoviliza. Confundir ambas cifras es la causa técnica de la mayoría de las quiebras individuales en estos mercados.

Riesgos propios y el papel de la compensación

Además del riesgo de mercado, los derivados tienen riesgos que el subyacente no tiene. El riesgo de contraparte —que el otro no pague— es la razón de ser de las cámaras de compensación, y su ausencia en el mercado de derivados de crédito extrabursátil fue un factor central en la crisis de 2008. El riesgo de liquidez aparece en contratos de vencimientos lejanos o productos secundarios, donde el spread bid-ask hace inviable entrar o salir. El riesgo de modelo surge cuando la valoración depende de supuestos —normalidad, correlaciones estables— que dejan de cumplirse justo en el escenario extremo. Y el riesgo operativo incluye asignaciones no anticipadas, entregas físicas no gestionadas a tiempo y ajustes por operaciones societarias que alteran el contrato.

Las cuatro familias de derivados

InstrumentoNaturalezaDónde se negociaRiesgo de contraparte
Forward Obligación a medidaBilateral, fuera de mercadoAlto: no hay garante
Futuro Obligación estandarizadaMercado organizadoMuy bajo: cámara de compensación
Opción Derecho, no obligaciónMercado organizado o bilateralBajo en mercado organizado
Swap Intercambio de flujosBilateral o compensadoVariable según compensación

Preguntas Frecuentes

¿Son los derivados intrínsecamente peligrosos?
No más que un instrumento afilado: el peligro está en el uso, no en el objeto. Una aerolínea que fija el precio del combustible reduce su riesgo con derivados; un particular que vende opciones desnudas sin dimensionar lo multiplica. El elemento común de los desastres asociados a derivados no es el instrumento sino dos decisiones humanas: apalancamiento excesivo y riesgo indefinido. Ambas se pueden evitar con reglas, y ambas se han repetido en todos los episodios conocidos.
¿Cuál es la diferencia entre un forward y un futuro?
Un forward se negocia a medida entre dos partes fuera de un mercado organizado: flexible en importe, fecha y condiciones, pero con riesgo de que la contraparte no cumpla y sin mercado donde deshacerlo. Un futuro está estandarizado y cotiza en un mercado con cámara de compensación que garantiza el cumplimiento, exige garantías y liquida a mercado cada día. En esencia, el futuro es un forward al que se le ha añadido estandarización, liquidez y una garantía institucional.
¿Por qué se dice que los derivados tienen un nocional mayor que la economía mundial?
Porque el nocional es una cifra de referencia, no dinero en riesgo. Un swap de tipos de interés sobre 100 millones no mueve 100 millones: mueve la diferencia entre dos tipos aplicada a esa base, que puede ser una fracción muy pequeña. Sumar nocionales de todo el mercado produce cifras astronómicas que no representan exposición real. La medida relevante es el valor de mercado bruto o la exposición neta tras compensación, órdenes de magnitud menor.
¿Puede un particular usar derivados para cubrirse?
Sí, y es probablemente su mejor uso a nivel individual. Comprar puts sobre un índice para proteger una cartera, construir un collar sobre una posición concentrada heredada o vinculada a la retribución, o vender calls cubiertas para generar ingresos sobre acciones que ya se tienen son aplicaciones perfectamente accesibles. Lo que exige cuidado es dimensionar la cobertura correctamente —por deltas, no por número de acciones— y no confundir cubrir con especular en la dirección contraria.
¿Qué papel jugaron los derivados en la crisis de 2008?
Central, pero como amplificador más que como causa. Los credit default swaps sobre titulizaciones hipotecarias se negociaban de forma bilateral, sin cámara de compensación y sin transparencia sobre quién debía qué a quién. Cuando las hipotecas empezaron a fallar, nadie podía evaluar la exposición real de sus contrapartes, y esa opacidad convirtió un problema de crédito en una crisis de confianza sistémica. La respuesta regulatoria posterior fue precisamente empujar estos contratos hacia cámaras de compensación centrales.