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Dimensionamiento de Posiciones

EN: Position Sizing / Risk Per Trade PT: Dimensionamento de Posição

La decisión más importante del operador: cuánto capital arriesgar en cada operación. El dimensionamiento determina la supervivencia de la cartera durante las rachas de pérdidas, y los errores aquí destruyen cuentas incluso con una estrategia rentable.

¿Qué es el dimensionamiento de posiciones?

El dimensionamiento de posiciones es la decisión de cuánto capital asignar a cada operación individual y, de forma equivalente, cuánto riesgo asumir en cada una.

Es matemáticamente más importante que el momento de entrada, la selección del activo o el análisis de riesgo-recompensa, porque determina la supervivencia de la cartera durante las inevitables rachas de pérdidas. Un operador con una estrategia rentable pero un dimensionamiento malo puede arruinarse; uno con una estrategia mediocre pero un dimensionamiento excelente puede sobrevivir hasta mejorarla.

Van Tharp demostró en Trade Your Way to Financial Freedom (1998) que el dimensionamiento explica más del 90% de la dispersión de resultados entre operadores que usan la misma estrategia.

De ahí la regla más citada del oficio: nunca arriesgar más del 1% o 2% de la cartera en una sola operación. Su origen es la matemática de la supervivencia. Con un 1% de riesgo por operación, hacen falta 69 pérdidas consecutivas para reducir la cuenta a la mitad; con un 2%, bastan 35; con un 5%, solo 14; y con un 10%, siete.

Realistamente, cualquier estrategia —incluso una excelente— produce rachas de cinco a diez pérdidas seguidas de vez en cuando. Un 1% las absorbe y permite recuperarse. Un 2% es agresivo pero aceptable para operadores con experiencia. Un 5% o más es suicidio financiero cuando llega la racha.

Una distinción imprescindible: el dimensionamiento se refiere al riesgo asumido, no al importe invertido. Con una cartera de 100.000 y un 1% de riesgo, el límite de pérdida por operación es de 1.000. Si el stop está a 5 unidades de distancia sobre una acción comprada a 200, la posición es de 1.000 / 5 = 200 acciones, es decir, 40.000 invertidos: un 40% de la cartera comprometido, pero solo un 1% en riesgo.

Dimensionamiento de posiciones: la decisión más importante Tamaño = (cartera × % de riesgo) / (entrada − stop) Ejemplo: cartera de 100.000 y riesgo del 1% = 1.000 de presupuesto Cartera 100.000 Riesgo 1% = 1.000 Distancia al stop: 5 (de 180 a 175) = 200 acciones Matemática de la ruina: pérdidas seguidas hasta perder la mitad de la cuenta Riesgo 1% → 69 pérdidas seguidas (seguro) Riesgo 2% → 35 pérdidas seguidas (agresivo) Riesgo 5% → 14 pérdidas seguidas (peligroso) Riesgo 10% → 7 (riesgo de ruina) Van Tharp: el dimensionamiento explica el 90% de los resultados Estándar profesional: 1-2% de riesgo por operación, la disciplina fundamental

La fórmula básica

La fórmula conecta el presupuesto de riesgo, la distancia al stop y el tamaño de la posición: tamaño = (cartera × porcentaje de riesgo) / (precio de entrada − precio del stop).

Con un ejemplo detallado: una cartera de 100.000 con un objetivo de riesgo del 1% da un presupuesto de 1.000 por operación. Se compra a 180 con el stop en 175, así que la distancia es de 5. El tamaño es de 1.000 / 5 = 200 acciones, y el capital invertido de 36.000, treinta y seis veces el riesgo asumido.

Si la operación sale bien y el precio alcanza el objetivo de 195, el beneficio es de 200 × 15 = 3.000, un 3% de la cartera. Si sale mal y salta el stop, la pérdida es de 200 × 5 = 1.000, exactamente el 1% previsto.

La fórmula varía según el instrumento. En acciones es la anterior, directa. En opciones compradas, como la pérdida máxima es la prima pagada, el número de contratos es el presupuesto de riesgo dividido entre la prima por contrato: con 1.000 de riesgo y una call de 5 —500 por contrato—, salen dos contratos. En spreads, la pérdida máxima es la anchura menos el crédito, o el débito neto, y el número de contratos es el presupuesto dividido entre esa pérdida máxima. En futuros el cálculo es más complejo e implica el valor del tick y el margen.

Con varias posiciones simultáneas hay que vigilar el riesgo agregado: la regla habitual es no superar entre un 5% y un 10% de riesgo total de cartera en ningún momento. Con un 1% por operación, eso permite un máximo de diez posiciones concurrentes.

Y hay que considerar la correlación: diez posiciones muy correlacionadas —por ejemplo, diez tecnológicas durante una corrección— se comportan como una sola posición grande a efectos de riesgo. Cuando la correlación es alta, hay que reducir los tamaños.

Criterio de Kelly frente a fracción fija

Existen varias metodologías, cada una con sus concesiones.

La fracción fija —la regla del 1% o 2%— es el estándar profesional: se arriesga un porcentaje fijo de la cartera en cada operación. Sus ventajas son la simplicidad, la supervivencia garantizada durante las rachas de pérdidas y la capitalización automática durante las rachas buenas, porque el tamaño crece con la cartera. Su desventaja es que no se adapta a la calidad de cada operación.

El criterio de Kelly es la fórmula matemáticamente óptima para maximizar el crecimiento: fracción = tasa de acierto − (tasa de fallo / relación riesgo-recompensa). Con un 60% de aciertos y una relación de uno a dos, sale 0,60 − (0,40/2) = 0,40, es decir, un 40% del capital por operación.

El problema es que Kelly asume un conocimiento perfecto de la tasa de acierto y de la relación riesgo-recompensa. En la práctica, las estimaciones fallan, y operar al porcentaje completo lleva a pérdidas catastróficas. La solución habitual es usar medio Kelly —un 20% en el ejemplo anterior—, que sigue siendo agresivo, o un cuarto de Kelly, que es lo que emplean la mayoría de los profesionales.

El ajuste por volatilidad dimensiona la posición según la volatilidad del mercado, usando como distancia de stop dos veces el rango verdadero medio de catorce sesiones. Más volatilidad implica stops más amplios y posiciones menores, y viceversa, lo que mantiene constante el riesgo en distintos regímenes de mercado.

El importe fijo —arriesgar siempre la misma cantidad— es simple pero no escala con el crecimiento de la cartera.

La recomendación para el operador particular es clara: la fracción fija del 1% es la base. Conviene dominarla antes de experimentar con Kelly o con ajustes por volatilidad. La mayoría de las cuentas que revientan lo hacen por arriesgar más del 2% por operación o por dimensionar de forma inconsistente: un 3% aquí, un 8% allá, un 1% después de perder.

Dimensionamiento con opciones

El dimensionamiento con opciones tiene matices importantes.

En opciones compradas, la pérdida máxima es la prima pagada, así que el cálculo es directo: contratos = presupuesto de riesgo entre prima por contrato. Con 1.000 de riesgo y una prima de 3 —300 por contrato—, salen tres contratos.

En spreads de crédito —put alcista, call bajista, cóndor de hierro—, la pérdida máxima es la anchura menos el crédito recibido. Un spread de 5 de ancho con 1 de crédito tiene una pérdida máxima de 400 por contrato, así que con 1.000 de presupuesto salen dos contratos redondeando a la baja.

En spreads de débito, la pérdida máxima es el débito neto y el cálculo es inmediato.

Las opciones vendidas al descubierto tienen riesgo potencialmente ilimitado, lo que hace el dimensionamiento problemático: el margen exigido y la pérdida potencial no guardan relación. Es preferible usar spreads de riesgo definido.

La correlación también aplica: diez contratos sobre el mismo subyacente son una exposición grande, no diez pequeñas. Hay que diversificar entre subyacentes.

Las griegas añaden complejidad: la gamma se dispara cerca del vencimiento, así que conviene dimensionar con prudencia en las dos o tres últimas semanas.

Los errores típicos son cuatro. Usar la capacidad de margen en lugar del riesgo: «puedo comprar diez contratos con margen», sin que el riesgo total encaje en el presupuesto. Ignorar la pérdida máxima y calcular solo el coste de entrada. Sobredimensionar los vencimientos semanales, que pueden oscilar un 50% o un 100% en una sesión. Y confundir la exposición neta con la bruta: el crédito neto de un cóndor de hierro parece pequeño, pero la exposición bruta —anchura por contratos por cien— puede ser enorme.

La regla práctica es calcular siempre la pérdida máxima total de la posición considerando todas las patas, y dimensionar para que equivalga al 1% o 2% de la cartera, comisiones y deslizamiento incluidos.

Psicología y errores comunes

La psicología del dimensionamiento es donde muchos operadores fracasan. Hay siete errores recurrentes.

Aumentar el tamaño tras las ganancias. Doblar la posición después de varias operaciones ganadoras es emocionalmente natural pero destruye la disciplina de riesgo. El resultado es que una sola pérdida grande durante la racha negativa siguiente se lleva todo lo acumulado.

Promediar a la baja. Añadir a posiciones perdedoras es seductor —«mejoro el precio medio»— pero en realidad aumenta el riesgo sobre una tesis que ya está fallando. Es uno de los comportamientos más destructivos del oficio.

Intentar recuperar lo perdido. Tomar posiciones mayores tras una pérdida para recuperarla rápido produce casi siempre pérdidas mayores.

Operar por venganza. Similar al anterior pero puramente emocional: enfadarse con el mercado y operar para desquitarse garantiza una esperanza matemática negativa.

Reducir demasiado tras una mala racha. El problema inverso: tras cinco pérdidas, el operador siente una racha fría y baja el tamaño a la mitad o menos, perdiéndose las ganadoras de la reversión.

Sobredimensionar las operaciones «de alta convicción». «Esta es distinta, sé que va a funcionar.» Saltarse la disciplina por una sensación suele salir mal.

Ignorar la correlación. Diez tecnológicas durante un desplome son un 10% de pérdida en una sola sesión, cuando la exposición agregada al sector no debería superar el 3%.

El marco de disciplina tiene cuatro elementos: reglas escritas antes de operar, con el porcentaje exacto, los ajustes por correlación y los límites de concentración; un registro de cada operación comparando el tamaño planificado con el real, para detectar desviaciones; una parada automática cuando se detecta una violación; y una revisión mensual del riesgo agregado, la concentración y la correlación.

La formulación de Van Tharp lo resume: el dimensionamiento explica el 90% de los resultados. Dominar ese único concepto, unido a la disciplina para respetarlo, importa más que cualquier indicador, patrón o estrategia.

Métodos de dimensionamiento comparados

Cada método equilibra de forma distinta la complejidad y la capacidad de adaptación.

MétodoRiesgo por operaciónComplejidadMás adecuado para
1% de la carteraBajaLa base para cualquier operador
2% de la carteraBajaExperimentados con estrategia contrastada
Variable y elevadoMediaEl óptimo teórico
La mitad del Kelly calculadoMediaVariante menos agresiva
Inversamente proporcional a la volatilidadAltaQuien opera varios mercados
Cantidad absoluta constanteBajaCuentas pequeñas, por simplicidad

Preguntas Frecuentes

¿Por qué del 1% al 2% y no un 5%?
Por la matemática de la ruina. Con un 1% de riesgo hacen falta 69 pérdidas consecutivas para reducir la cuenta a la mitad; con un 2%, 35; con un 5%, catorce; y con un 10%, siete.

En términos de probabilidad, cualquier estrategia produce de cinco a diez pérdidas seguidas de vez en cuando, incluso las excelentes. Con un 5% de riesgo, diez pérdidas consecutivas suponen una caída del 40% de la cuenta, difícil de recuperar. Con un 10%, la caída supera el 65% y la recuperación es casi imposible. Con un 1% o 2%, queda entre el 5% y el 20%, perfectamente manejable.

La aritmética de la supervivencia impone un dimensionamiento conservador. Los operadores experimentados pueden llegar al 2% o al 3% con una estrategia contrastada, pero el 1% sigue siendo la base.
¿Cómo calculo el tamaño con opciones?
En opciones compradas: contratos = presupuesto de riesgo entre la prima multiplicada por cien. Con 1.000 de riesgo y una prima de 3, salen tres contratos con una pérdida máxima de 900.

En spreads de crédito: contratos = presupuesto entre la pérdida máxima por contrato, siendo esta la anchura por cien menos el crédito por cien. Un spread de 5 de ancho con 1 de crédito tiene una pérdida máxima de 400, así que con 1.000 salen dos contratos.

En spreads de débito: contratos = presupuesto entre el débito neto multiplicado por cien.

La regla común es calcular siempre la pérdida máxima de forma explícita, no solo el coste de entrada.
¿Qué hago si muchas posiciones están correlacionadas?
Ajustar la exposición agregada. La regla es que ningún sector o temática —tecnología, cripto, financieros— supere entre un 3% y un 5% del riesgo total de la cartera. Con un 1% por posición, eso permite de tres a cinco posiciones en el mismo sector; con un 2%, de dos a tres.

La correlación no siempre es evidente: los valores de crecimiento correlacionan entre sí, igual que las pequeñas capitalizaciones o los mercados emergentes. Y durante la crisis de 2008 los activos supuestamente descorrelacionados se movieron todos juntos.

La disciplina real consiste en tratar las posiciones correlacionadas como una única exposición a efectos de presupuesto de riesgo.
¿Debo aumentar el tamaño cuando gano?
Sí, pero de forma proporcional, mediante la capitalización natural. Lo correcto: si la cartera crece de 100.000 a 120.000 con la regla del 1%, el riesgo por operación pasa de 1.000 a 1.200. El porcentaje no cambia; el importe crece solo.

Lo incorrecto: subir el porcentaje durante una racha ganadora, del 1% al 2% y luego al 5%. Eso abandona la disciplina y crea un riesgo enorme para cuando llegue la reversión.

El aficionado se siente confiado y sube el tamaño con agresividad; el profesional mantiene el porcentaje al margen de sus emociones. El crecimiento compuesto llega solo mediante la revalorización de la cartera a porcentaje constante. No hay que forzarlo.
¿Es el criterio de Kelly mejor que el 1% fijo?
Matemáticamente sí, en la práctica no. Kelly es óptimo para el crecimiento siempre que se conozcan con exactitud la tasa de acierto y la relación riesgo-recompensa. En la realidad, esas estimaciones son inciertas, sobre todo en mercados volátiles.

Además, Kelly asume probabilidades estacionarias, y los mercados reales cambian de régimen. Un Kelly calculado sobre un supuesto 40% probablemente sea un 30% en la realidad, lo que lleva directamente a la ruina.

La solución habitual —medio Kelly o un cuarto de Kelly— reduce el riesgo de forma sustancial pero sigue siendo agresiva.

La mayoría de los profesionales usan la fracción fija del 1% o 2% como base, ajustándola quizá al alza en operaciones de muy alta convicción. Para el operador particular, lo sensato es quedarse con la fracción fija.